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Recordando al poeta Luis Alejandro Álvarez

En el estudio, fue autodidacta. A los diez años de edad ingresó al colegio donde aprendió del profesor Joaquín Mier la frase que lo impulsó: “El que quiere aprender, investiga”.

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Luis Alejandro Álvarez (29/01/1920 – 09/08/1997), en Chiriguaná percibe la primera aurora en la sonrisa de su madre Ana Joaquina Álvarez. Fue hijo único, y cuando contaba apenas seis años, muere su madre, quedando bajo la tutela de su tía Mercedes Álvarez. Gran parte de su niñez la vivió en la población de San Roque (Cesar).

En el estudio, fue autodidacta. A los diez años de edad ingresó al colegio donde aprendió del profesor Joaquín Mier la frase que lo impulsó: “El que quiere aprender, investiga”. En 1935 decidió retornar a sus estudios, volvió al colegio por su propia cuenta, pero solo pudo cursar medio año; desde entonces, con avidez, leía pedazos de periódicos o cualquier texto que cayera en sus manos. De los primeros poetas que navegaron por el río de la memoria: Rubén Darío, Manuel Pilares, José Santos Chocano y José Asunción Silva.

Desde muy joven, en sus labores del campo fue un hombre anfibio: pescador experto en el grito abierto de la atarraya en la ciénaga de Zapatosa y agricultor en las fértiles tierras de su región. Pero en sus horas de descanso era un lector incansable, sediento de conocimientos, y un excelente conversador; y en virtud de eso pudo ocupar destacados cargos en Chiriguaná: docente, personero municipal y alcalde encargado. En 1971, pensando en el futuro de sus hijos, se viene para Valledupar con su esposa Emérita Consorcia Martínez y sus doce hijos, y consigue trabajo en la Contraloría Departamental, entidad que lo jubiló.

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