COLUMNA

Reconocimiento a Lucía Mejía Naranjo 

En la cultura clásica de la Helade, las sacerdotisas, doncellas o mujeres casadas,  auspiciaban sacrificios rituales en los templos sagrados, con el propósito de remediar necesidades físicas y espirituales de sus protegidas,  a quienes, además,  enseñaban los oficios del culto religioso, la moral, las prácticas económicas y les pronunciaban los oráculos premonitorios. Lo cual prueba las […]

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En la cultura clásica de la Helade, las sacerdotisas, doncellas o mujeres casadas,  auspiciaban sacrificios rituales en los templos sagrados, con el propósito de remediar necesidades físicas y espirituales de sus protegidas,  a quienes, además,  enseñaban los oficios del culto religioso, la moral, las prácticas económicas y les pronunciaban los oráculos premonitorios. Lo cual prueba las funciones sacerdotales de las mujeres en aquella cultura. Eran, pues, excepcionales benefactoras; de sus ‘clientes’.

Traigo el tema, de manera analógica,  porque en la modernidad bancaria también tenemos doncellas o mujeres casadas, como es el caso que me ocupa,  cuyas excelentes capacidades profesionales ponen de relieve el género femenino. En Valledupar, afortunadamente, hemos contado y ahora mismo, con mujeres prominentes que han desempeñado con lujo de competencia los encargos bancarios, ora como directoras, ora como imprescindibles colaboradoras de ellas.

Aquí me contraigo a la magnífica personalidad de ‘Lucy’ Mejía, como cariñosamente le decimos sus amigos y los funcionarios del Banco más formalmente, doctora ‘Lucy’, quien en su condición de gerente ha dirigido la sucursal principal de Davivienda en Valledupar, por el elocuente periodo exitoso de 29 años, hasta el día 31 del mes de agosto del que corre,

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