COLUMNA

Reconciliación: es la clave

Por lo que alcanzo a recordar, gran parte de la ciudadanía colombiana, las campañas políticas electorales la abruman en demasía

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Por lo que alcanzo a recordar, considero que, a gran parte de la ciudadanía colombiana, las campañas políticas electorales la abruman en demasía; para colmo, el proselitismo político, cada vez genera mayor polarización ciudadana y, en esta ocasión, indiscutiblemente, el proselitismo en la campaña electoral presidencial ha sido desmedido, sin parangón en mi recordación. 

Históricamente, tal situación es remota, además viejos amigos migrantes del departamento de Santander del Norte me han contado que llegaron a Valledupar, debido al desplazamiento forzado causado por la ‘Chulavita’, fuerzas armadas paramilitares organizadas por líderes del otrora partido conservador, para eliminar a los liberales abiertamente opositores a sus regímenes. 

Estos paramilitares, aparentemente, fueron erradicados con el pacto político denominado Frente Nacional, entre los partidos Conservador y Liberal, con el propósito de derrocar al general Gustavo Rojas Pinilla, quien, en 1953, a través de golpe de estado se convirtió en dictador. Dicho armisticio inició el 7 de agosto de 1958 con el presidente liberal, Alberto Lleras Camargo y se extendió hasta 1978 con Alfonso López Michelsen también del Partido Liberal.

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