COLUMNA

Rafa Y Alvaro

Cuando un pelao es travieso y anda con otros amiguitos todo lo malo que hacen se lo achacan a él, esa lotería se la gano mi nieto Nando hace unos tres años, porque hoy ya con nueve, es un niño ejemplar declarado “Orgullo Bilingüe” en su colegio, por su comportamiento, altas notas y consumado deportista.

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Por José Manuel Aponte Martínez  

Cuando un pelao es travieso y anda con otros amiguitos todo lo malo que hacen se lo achacan a él, esa lotería se la gano mi nieto Nando hace unos tres años, porque hoy ya con nueve, es un niño ejemplar declarado “Orgullo Bilingüe” en su colegio, por su comportamiento, altas notas y consumado deportista, que en compañía de otros pelaitos abrieron la jaula donde “La Miche” tenía un loro hablador que no había tenido el cuidado de cortarle las alas y cuando se vio libre alzó el vuelo y no lo volvieron a ver, confirmando de que “conejo, loro y gato” tres animales ingratos; la Miche lloró a su loro, que se llamaba Álvaro y le daba vivas al partido liberal y abajo a los godos, pero lo más importante era que hacía de despertador y a las 6 de la mañana llamaba a mis lindas sobrinas Daniela y María José para ir al colegio.

No hubo forma que le creyeran a Nando de que él no había sido y yo fui condenado a reemplazar a Álvaro por un loro pichón, porque lo loros viejos no aprenden a hablar, lo encargue en el Mercado Nuevo, que ya de nuevo no tiene nada y por mucho tiempo no fui donde la suegra de mi hermano Rafael, pues cada vez que iba recordaba a su loro y el moqueo era inevitable.

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