La gobernadora Elvia Milena Sanjuán salió a decir en la Asamblea que ella dispondría los recursos que fueran necesarios para terminar la obra, como si la plata fuera de ella y como si los cesarenses fueran bobos; aunque todos sabemos que no puede decir otra cosa, ya que le debe gratitud eterna al clan Gnecco, como ella misma afirmó en su discurso de posesión. Y es que continuar con la obra es su única opción, al precio que sea, incluso terminar presa.
Es una total desconsideración con un departamento que requiere obras de saneamiento básico y vías de todo tipo, golpeado por el hambre y la falta de oportunidades, con la pobreza que sobrepasa el 55 % y una capital como Valledupar, carente de espacios que custodien y promuevan el patrimonio cultural; no tiene un museo de bellas artes, tampoco un teatro, ni una cinemateca. Solo cuenta con un Parque de la Leyenda a medias que, dicho sea de paso, era el lugar idóneo donde se debió construir ese museo, obviamente con menos dinero y más funcional, para impulsar la zona y convertirla en un polo de desarrollo turístico.
Pero en el entorno priman siempre los egos y las peleas parroquiales entre familias; con esta realidad, sumada a la soberbia que caracteriza a nuestros cuestionados “líderes”, prefirieron construirlo en un lugar rodeado de clínicas, sin tener en cuenta el impacto en el tráfico. Hicieron exactamente como con el estadio de fútbol, pese a que las recomendaciones de los expertos, apuntaban a hacer uno nuevo a las afueras de la ciudad; hicieron caso omiso y miren lo que hay ahora, un desastre que criticó hasta el técnico del Alianza, porque no reúne las condiciones para albergar un equipo de primera. El origen del problema es siempre el mismo, la corrupción que nos ha llevado a la lamentable situación actual.




