En varias columnas anteriores me he dado a la tarea de visibilizar algunos problemas que afrontan los compositores e intérpretes de nuestra música vallenata para participar en los tantos festivales y concursos que se realizan a lo largo y ancho del territorio nacional.
Una de esas situaciones problemáticas consiste en los excesivos gastos en los que deben incurrir aquellos intérpretes y compositores que desean participar en los concursos de algún festival. Lo primero que hay que decir es que durante la década de los 80 en la que nacieron muchísimos festivales vallenatos, buena parte de ellos apoyaban a los participantes foráneos con alimentación y alojamiento, lo que resultaba ser una ayuda importante.
Ese apoyo ha perdido vigencia en buena parte de los festivales, que prácticamente le dicen a los concursantes compónganse como puedan, es decir, corran ustedes con los gastos de transporte, alojamiento y alimentación. Como si esto fuera poco el líder, llámese acordeonero o compositor casi siempre debe pagarles una tarima a sus acompañantes gane o pierda, lo cual encarece y dificulta la participación. Todo esto es más complejo en las categorías juvenil e infantil, en las que a los niños los acompañan sus padres.




