Por: Julio C. Oñate M.
Las bondades y beneficios que nos brinda el maravilloso teléfono celular comunicándonos con todos, con todas, en cualquier parte y a toda hora, tiene también su parte falseada y negativa, que ha venido acabando con nuestra intimidad y tranquilidad, ya que no existe un recoveco o escondijo sobre la faz de la tierra donde no nos localicen los latosos, cansones y uno que otro quebrao tirándonos un varillazo y peor aún el enjambre de vendedores que día y noche ofertan los mas insólitos productos, hasta la más traumática y detestable persecución de los que cobran por teléfono, cuando hemos tenido el infortunio de comprar algo a crédito o afiliarnos a alguno de los servicios que hoy nos ofrece la asombrosa tecnología.
En un principio los cobradores lo hacían en horarios de oficina y en tono amable, nos recordaban el atraso en alguna factura, pero no se, en que mala hora quizás escucharon el disco “La Contra” de Leandro Diaz que advierte: “al pícaro de provincia, le conozco la jugada cóbrele de mañanita, pa que vea como le paga”, y en estos momentos este sistema de cobranzas es lo mas arbitrario e irrespetuoso a que nos han sometido una verdadera jauría de gente altanera y amenazante, hombres y mujeres, que desde las seis de la mañana comienzan a amedrentarnos echándonos a perder el rato.




