El título de la columna, lo tomé del 7° parágrafo del decálogo para la reconciliación que propone la Comisión de la Verdad, presidida por el sacerdote Francisco de Roux, cuyo propósito es facilitar el logro de la convivencia pacífica en Colombia.
Dicha comisión es temporal, desde su creación en mayo de 2018 y ampliada hasta el 28 de agosto de 2022, por la interferencia debido a la pandemia de covid-19. Esta comisión sin misión judicial es pilar vital del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que es el conjunto de mecanismos para garantizar a las víctimas del conflicto armado interno, los derechos Incorporados en la Constitución Política Nacional, estipulados en el Acuerdo de Paz firmado por ‘Timochenko’ como representante de las FARC-EP y Juan Manuel Santos, entonces presidente de nuestro país.
“El legado y las recomendaciones de la Comisión de la Verdad: una gran oportunidad de diálogo del país para parar la guerra”, crónica publicada en EL PILÓN del lunes 1 de agosto de 2022. Muy afín con la opinión del presidente de la susodicha comisión que, en la entrega de su informe final, enfatizó: “Colombia tiene que resolver eso y no creo que la solución sea simplemente militar”; es decir, una advertencia personal bien clara, sobre la importancia de abrir la posibilidad de diálogo con actores ilegales como las disidencias de las Farc, el ELN, EPL y con bandas criminales ligadas al narcotráfico, tales como el Clan del Golfo, los Rastrojos, la Cordillera y otras.




