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¡Qué izquierda, derecha, centro, ni qué ocho cuartos!

En un país polarizado, subsumido en la guerra de la desinformación, donde hablar de democracia o corrupción es una tontería, porque son términos tan desgastados que se convierten en frases de cajón, ¿quién convence a quién para llevar la fiesta en paz? Es como un diálogo de sordos, porque tu contradictor, así tengas la razón, no va a ceder, de ahí que sea oportuno citar un dicho o refrán de vida:

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En un país polarizado, subsumido en la guerra de la desinformación, donde hablar de democracia o corrupción es una tontería, porque son términos tan desgastados que se convierten en frases de cajón, ¿quién convence a quién para llevar la fiesta en paz? Es como un diálogo de sordos, porque tu contradictor, así tengas la razón, no va a ceder, de ahí que sea oportuno citar un dicho o refrán de vida:

En pelea de animal grande el que pierde es el pasto“, que es el que queda pisoteado por los dos toretes del engramado, en este caso, Uribe y Petro. 

Juan Pueblo, el de los pies descalzos, como siempre, atrapado en controversias insulsas, exacerbado por el fanatismo, y para colmo, obnubilado, lleva la peor parte, producto de la intolerancia e incontinencia verbal que conduce a la violencia y al desenlace fatal, ya que el ímpetu de la ira no se enseñorea de la razón en medio de la discusión que calienta la política. 

Gritar no tiene más poder de convencimiento que dialogar, pero se intenta buscar la paz por la fuerza, escenario que corresponde a la carrera armamentística de las grandes potencias que alardean capacidad nuclear para volar el mundo 150 veces, amenaza que es patética por disuasión, intimidación o exhibición de poder. 

La retórica se utiliza para persuadir, no para convencer; y la dialéctica es el diálogo de saberes, cuyo método subraya el valor de aprender unos de otros, considerando las contradicciones, no como fracasos, sino como oportunidades de crecimiento y corrección, premisa que sabe explicar el filósofo y académico, Simón Martínez Ubárnez, pero igual hay que sopesar la reflexión del literato portugués, José Saramago, premio nobel 1998: “He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”.

Frente al combate electoral de agravios, insultos, que ya es evidente, lo más prudente es la retórica sin dejar de escudriñar la Biblia: no en vano es el texto más vendido del mundo. En 2020, según el libro Guinness de los Récords, la Biblia vendió 100 millones de ejemplares, en 100 países y 23 idiomas. La Sociedad Bíblica Británica estima que en la historia se han vendido entre cinco y siete mil millones de ejemplares.

Bienvenida entonces la retórica y los escenarios apropiados para el disenso civilizado entre personas que estén a tu nivel intelectual para discernir propuestas que contribuyan a solucionar problemas coyunturales y estructurales, antes que confrontar en medio de la farsa ideológica de dos bloques antagónicos que en forma engañosa y maquiavélica te pueden alienar y tomar partido en la disputa del poder, cuando el verdadero valor está en la calidad humana del gobernante, entonces qué izquierda, derecha, centro, ni qué ocho cuartos, más cuando las ideologías son un sofisma de distracción.

Por: Miguel Aroca Yepes.

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