Al tratar de escoger el tema o texto para reiniciar esta nueva etapa, por supuesto que lo primero que se me vino a la mente fue la campaña presidencial y tratar de aportar algo en ese terreno, pero la verdad más demoré en pensarlo que en desecharlo y, parodiando el viejo proverbio, digo: la mejor palabra es la que no se dice, pero llegará el momento en que habrá de hacerse, esto está que arde.
Me decidí entonces por algo que produjera algo de calma y sonrisas dentro de esta tormenta que hoy vivimos y así fue que terminé escribiendo lo que sigue.
Hace algún tiempo, y en uno de mis entonces frecuentes viajes a Sincelejo, me pidieron entregar un pequeño paquete a una amiga. La dirección que me suministraron quedaba en una zona muy nueva, era un reciente desarrollo o programa de vivienda, que yo ubicaba, pero no con precisión, y entonces acudí al Waze, que es una aplicación de navegación GPS para teléfonos inteligentes que te ayuda a llegar a un destino usando información en tiempo real, por lo que introduje las coordenadas de destino suministradas, pero al tratar de ubicar el punto exacto, este no aparecía con la precisión que requería. Lo intenté varias veces y el resultado fue el mismo, y eso me generaba dudas y previsibles dificultades para cumplir mi cometido.
Entonces llamé a la amiga destinataria, psicóloga, poetisa y escritora, cuyo nombre no digo, y le expresé que me enviara instrucciones para llegar a la dirección de su residencia, pero que no me fuera a decir “usa el Waze” porque ya lo había intentado y no me guiaba adecuadamente. Y le agregué: “Dame unas indicaciones estilo del viejo Sincelejo”, lo que hizo con una exactitud increíble y que transcribo a continuación para deleite del lector.
Iniciaba la comunicación con un saludo aludiendo un sobrenombre que en este mundo solo usan dos sincelejanas y me señalaba:
“Buenos días, amigo. Pienso que puedes entrar por la vía que abrieron desde la troncal, bajando entre Cecar y la Clínica La Concepción y que pasa por el Altair. Bajas por allí hasta llegar a una especie de ‘round point’ a medio hacer, en el que vuelves a subir un poco y doblas en la primera calle que veas a mano derecha. Recorres una cuadra entera y luego das una izquierda y casi enseguida (porque es un pedacito de calle) otra derecha. Pasas por una farmacia y das hasta la esquina de esa otra cuadra -que tiene un tremendo hueco en una de sus mitades- y al llegar a esa esquina, después de la farmacia y en donde hay una construcción, ya ves el edificio. Bajas esa cuadrita y doblas a la izquierda del mismo edificio, porque la entrada principal está del otro lado”.
Leí el mensaje y, casi con tristeza, me dije: “Ahora sí me pierdo y entonces tendré que utilizar un domiciliario, así va a tener que ser”, concluí.
Sin embargo, me dije, tengo que hacer el esfuerzo para cumplir y entonces le indiqué al conductor de mi camioneta: “Yo le voy leyendo en voz alta y tratemos de adivinar a ver si llegamos, tengo que intentar visualizar, traducir, lo que la amiga vio y me describió”. Fue así como desde el inicio de la lectura y recorrido pude verificar que cada frase se traducía en la misma imagen trasmitida y todo paso era seguro e inequívoco, y fue así cuando de repente llegué a la entrada del edificio, “la que queda del otro lado”, y cumplí mi misión.
Fue refrescante comprobar que a pesar del tiempo y la distancia seguíamos expresándonos “sincelejanamente” y que el dialecto que habíamos aprendido en la infancia y juventud allí estaba.
Estoy averiguando la dirección de Waze para proponerles que, con base en un modelo matemático creado a partir de mensajes como este, se cree una nueva aplicación que deberá resultar mucho más exacta que la actual.
Por: Jaime García Chadid
