Por Mary Daza Orozco
Es muy atractiva, jovencita, veintisiete años, bien vestida y usa un aroma sutil, con una sonrisa que muestra la perfección de sus dientes, llega a todas las habitaciones de la clínica a ofrecer el servicio de almuerzos a domicilio especialmente los domingos, no tiene todavía tarjetitas de presentación, pero deja el número de dos teléfonos. Comer para los acompañantes de un enfermo en la clínica es imposible, no se puede ingresar alimentos, pero ella con su persistencia logró que la dejaran ofrecer su producto.
Un domingo llegó con el pedido, cajitas blancas, comida casera, una delicia, las entrega con esa sonrisa que quisiera uno tener y dice: “Yo soy bacterióloga, pero ante la demora del pago donde trabajo y lo reducido que son los salarios, me ingenié este trabajito para ayudar en mi hogar en donde tengo la responsabilidad de dos hijos pequeños”.




