El concepto de primera línea se acuñó en 2021 cuando un valiente universo de jóvenes se instaló en las calles de Colombia para protestar contra los intentos del gobierno fascista de Duque por saquear el bolsillo de los más pobres del país en provecho de un pequeño clan de saqueadores del erario; fue una legítima actitud de quienes defendían el derecho fundamental a la vida.
La respuesta fue soberbia por parte de un régimen prepotente dispuesto a defender a sangre y fuego unos privilegios conquistados no por medios legales y transparentes con el apoyo, a veces, de mafias del narcotráfico y minería ilegal; fueron muchos los muertos, mutilados y desaparecidos.
El triunfo de Duque venía precedido de denuncias acerca de cómo estuvo financiada su campaña presidencial, veras que está confirmando Salvatore Mancuso cuando se refiere a lo que hoy conocemos como el ‘Clan del Golfo’. Más fácil que dialogar resultó el uso de una fuerza policial instrumentalizada para la represión de una muchedumbre inerme. Sin embargo, esas criminales relaciones mafiosas no fueron suficientes para impedir el triunfo de Gustavo Petro que planteó formas alternativas para ganar elecciones y un nuevo concepto de Estado para gobernar con objetivos claros pensando en los problemas nacionales y no en el beneficio de castas.




