Por Jarol Ferreira Acosta
Nueve meses de labores de parto tuvieron que pasar para que me pagaran el premio del segundo Salón Departamental de Artes Visuales de La Guajira, que recibí por ventanilla y ya me gasté. Y pensar que estuve confiado en embolsármelo puntualmente al finalizar el salón, en el dos mil doce.
Porque esta historia empezó el ventipico de diciembre del dos mil doce, cuando luego de una racha sin billetes, la noticia del premio significaba para mí recibir de aguinaldo un salvavidas.




