Por Luis Augusto González Pimienta
La desigualdad ha sido característica predominante de los enfrentamientos bélicos. Baste recordar la inacabada confrontación entre israelíes y palestinos o entre fuerzas aliadas contra el régimen talibán de Afganistán, en donde es grande la desproporción de armamento, recurso humano y logística.
En el campo de las relaciones de pareja ocurre otro tanto. Es una guerra sin cuartel en la que cada cual persigue imponer sus condiciones mediante el ablandamiento del rival. Las estrategias varían dependiendo de las personalidades de los contendientes y del momento en que se emplean; eso sí, fluctúan entre el melindre y el maltrato. En medio, no faltan las situaciones que llaman a la risa de los terceros. Los adversarios jamás ríen: sería una afrenta mayor de imprevisibles consecuencias.




