En días recientes fui invitado a un establecimiento nocturno en Bogotá donde se presenta los fines de semana vallenato en vivo con un formato de voz, acordeón y guitarra, que a mi juicio es el ideal para apreciar en su verdadera dimensión nuestra música, ya que así se puede escuchar de mejor manera la letra y la auténtica melodía que el autor plasmó en su obra.
La gran sorpresa que me llevé es que el joven cantante, con la anuencia del guitarrista y el mismo acordeonero, les cambiaba a las canciones la melodía y la armonía que el compositor le dio a su inspiración original, pero lo más grave de todo es que lo estaba haciendo con canciones insignes y muy representativas de nuestro folclor, es decir, con verdaderos clásicos de nuestra música.
Qué sentido tiene escuchar ‘La casa en el aire’ o ‘La gota fría’ con patrones melódicos totalmente distintos a los que le imprimieron Rafael Escalona Martínez y Emiliano Zuleta Baquero, cuando precisamente toda la riqueza de esos clásicos se encuentra en la letra asociada a la música, melodía y armonía, e inclusive, a las tonalidades que sus autores quisieron darle a dicha obra.




