La gente está invadiendo las tierras rurales porque: no tiene tierra (aunque antes tampoco la tenía con la diferencia que hoy el campo se está despoblando); porque aprovecha la debilidad institucional (aunque antes, también, la debilidad institucional era evidente); porque el índice de informalidad de la tierra está en el 52.7% y hay 2 millones 365 mil predios informales, pero la informalidad predial ha estado desde hace años en números parecidos.
Las invasiones quizás se deban, en parte, a que el mensaje de la reforma agraria lo ha entendido mal el país, o mejor, algunos sectores la están interpretando a su manera; o aún peor, el mensaje del gobierno ha sido difuso y a veces, contradictorio lo que está generando tensiones, confusión y enfrentamientos. O si se quiere, las invasiones tienen un antecedente: la campaña presidencial y lo que la gente entendió que dijo Petro sobre democratizar la tierra.
Antes había invasiones pero ahora hay más, más seguidas y orgánicas. Hay un tierrero; una bola de nieve que puede crecer por las expectativas de una reforma agraria cifrada en buena parte en el acceso a la tierra a través del otorgamiento de la propiedad y no de otros instrumentos como el arrendamiento, el derecho real de superficie, el contrato de uso o el usufructo; y, seguramente, las invasiones no se han dado por generación espontánea sino que quizás hay detrás, una organización o una motivación política con olor electoral. O una estrategia para controlar no sólo la tierra, sino el territorio y eso es distinto y peligroso.




