COLUMNA

Popurrí festivalero

En esta entrega, por terapia personal y para no inquietar a algunos, dejaré de tratar la esencia de los problemas para ocuparme un poco de lo coloquial.

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En esta entrega, por terapia personal y para no inquietar a algunos, dejaré de tratar la esencia de los problemas para ocuparme un poco de lo coloquial, los días festivaleros requieren solaz y holgorio; relataré lo inocuo porque para algunos hablar de cifras y del pasado es trivialidad. 

La lógica del gato es tapar su propia mierda para que no lo sigan. ¿Para qué entretenernos con la mierda del pasado si esta será el sustento del futuro? Mierda y plomo es lo que habrá. Este criterio hace parte de la posverdad que expliqué en una entrega pasada. El futuro jamás se podrá desligar del pasado, esa es una máxima orwelliana. “Quien conozca el pasado dominará el futuro”. Somos dominados por una casta que conoce su pasado, el de las Ibáñez, pero nosotros no, nuestra historia aún no se ha escrito. 

El segundo elemento de nuestra mezcla es el Festival de la Leyenda Vallenata el cual surgió como una forma de preservar el género e impulsar la cultura musical; así lo entendió la ONU al reconocerlo como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Parece que esto no se está cumpliendo. El concepto de cultura hace alusión al conjunto de ideas, costumbres y tradiciones de un pueblo o de una sociedad, en una época determinada. Los aires musicales de nuestra comarca ejecutados en tres instrumentos hacen parte de esa cultura que, además, le agregaron parte de la leyenda de la conquista española, algo de paganismo. 

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