El Artículo 29 de la Ley 43 de 1993 establece que, para ciertos cargos de dirección del Estado, el funcionario debe ser colombiano de nacimiento; esta ley poco recordada y que solo ahora se pone en práctica, ha impedido que César Ferrari se posesione como director del DNP. ¿A quiénes querían atajar cuando pensaron en esta ley? Es una lástima que el país tenga que prescindir de los servicios de una persona de tantos pergaminos y quilates académico-prácticos para dirigir la principal dependencia gubernativa en el campo de la planeación por el solo hecho de una norma prohibitiva.
Si bien las leyes son una serie de convenios para autorregularse, existen algunas que no tienen sentido porque sobrepasan las realidades fácticas, es ahí donde el santanderismo nos constriñe. Es como querer un poeta sacrificar el mundo para pulir un verso. No sé en cuales países se apliquen estos principios, pero en los EE. UU Henrry Kissinger, nacido en Alemania, llegó a ser secretario de Estado, más que un director de planeación, y a sus 99 años aún es consultado; los que saben de estos temas dicen que su inglés aún tiene el acento germánico.
En la Roma Imperial, algunos emperadores no eran romanos; Escipión era africano, Caracalla nació en la Galia, su padre Septimio Severo era libio, Adriano, Trajano y Teodosio eran españoles; más, no por eso Roma colapsó. Simón Bolívar, nuestro libertador nació en Venezuela, y Jesucristo, un palestino, maneja las agendas de más de medio mundo. La xenofobia criolla es aberrante; Luis López de Mesa, un paisa de camándula, siendo ministro de relaciones exteriores en el gobierno de Eduardo Santos, se opuso a la inmigración de judíos con el argumento de que un mestizaje entre estos e indígenas era peligroso.




