COLUMNA

Plegaria de las madres por la paz Columna por José Atuesta Mindiola

Toda madre es una santa por el amor que profesa; su fe es la triunfante esperanza y la abnegación, su fortaleza. Para salvar a un hijo, no hay caminos imposibles para una madre que busca en los laberintos de la sombra, el camino de la luz, y frente al anuncio triste de un dictamen médico, se aferra del poder de la oración para que Dios haga el milagro de prolongar la vida.

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Por: José Atuesta Mindiola

Toda madre es una santa por el amor que profesa; su fe es la triunfante esperanza y la abnegación, su fortaleza. Para salvar a un hijo, no hay caminos imposibles  para una madre que busca en los laberintos de la sombra,  el camino de la luz, y frente al anuncio triste de un dictamen médico, se aferra del poder de  la  oración para que Dios haga el milagro de prolongar la vida.   

Todas las madres de Colombia y del mundo quieren vestirse de fiesta, lucir el color de los jardines para ofrendar a Dios sus cánticos de amor en compañía de sus hijos. Pero la vida, como la noche y el día, está llena de penumbra y de esplendor. 

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