Los pronunciamientos y declaraciones del presidente Petro no son simples globos ni ideas tímidas, por el contrario, entrañan un llamado a tomar por la fuerza lo que la razón, la Constitución, la ley y la institucionalidad no le permiten.
Lo primero es que el presidente ignora su deber constitucional, el que asumió mediante juramento en su posesión, de simbolizar la unidad nacional y cumplir fielmente la Constitución y las leyes.
En sus discursos donde convoca al pueblo a una constituyente, no ha hecho mención alguna a los mecanismos establecidos en nuestra constitución para ese propósito: no menciona al Congreso de la República, no se refiere al referendo —al que se tendrían que someter las reformas sobre los asuntos que el presidente ha mencionado— y no nombra los requisitos que la Constitución misma establece para convocar y elegirla. Actúa como si no existiesen.




