No creo en la neutralidad periodística, porque un periodista o un medio siempre tendrá una posición editorial que responde a una ideología, la cual, a su vez, permea su interpretación de la realidad. Nuestros grandes periódicos nacieron hace más de un siglo como abanderados de claros idearios políticos.
Pero una cosa es la defensa honesta de unas convicciones, y otra la descalificación, la mentira y la tergiversación, como estrategias, ya no para defender, sino para imponer una posición ideológica y política. Por ello me referí en mi anterior columna a “la política sucia” y hoy al periodismo ídem, pues son estrategias conectadas, que se rebotan en épocas electorales.
Hoy enfrentamos una disyuntiva trascendental: libertad o dictadura, democracia o comunismo. Todos queremos un mejor país, pero no a costa de la pérdida de las libertades, que es el camino del socialismo, cuando, ya en el poder, incumpla sus imposibles promesas populistas.




