El acuerdo de paz de Santos, más que un acuerdo de paz fue uno con las Farc; trajo de un lado de la moneda la desmovilización del grueso de una guerrilla, pero del otro, nos dejó un país polarizado, fracturado y dividido: la mitad en el No y la otra en el Sí del plebiscito.
Si la paz total sale mal, puede dejar no dos colombias sino 4 o 5. Fragmentadas y enfrentándose. Puede derivar, más explícitamente, lo que llama Yascha Mounk, una anarquía estructurada, es decir, una guerra entre grupos rivales por el control de la economía ilegal tal y como acaba de ocurrir con la masacre en Putumayo.
Con un agravante, la economía criminal se diversificó: narco, minería ilegal, trata de inmigrantes, tráfico de armas, contrabando y, además, se multiplicó en grupos criminales -los hay por doquier- y como todo se paga en dólares y el dólar está rondando los 5 mil pesos y la autoridad está ausente, pues no hay ningún desincentivo para dejar un negocio muy rentable. Por ello, la Paz Total, por ahora, es una quimera.




