“Todo fluye, todo cambia, nada permanece” es una reflexión filosófica que se le atribuye al pensador presocrático Heráclito. No existe duda que todo fluye, todo cambia y nada permanece. Pero el movimiento por sí no cambia para mejorar en política, porque las cosas en asuntos de gobiernos pueden empeorar para una república, y es por este motivo, que la ciudadanía debe permanecer atenta a las políticas de los gobiernos de los Estados. La ciudadanía tiene que estar vigilante y sometiendo a juicio las políticas de los gobiernos.
Todo fluye o debe fluir, todo cambia o debe cambiar y nada debe permanecer idéntico en lo que se refiere al orden público en nuestra república. El orden público entendido como un estado de hecho contrario al desorden, sometido a las normas jurídicas y políticas de un Estado constitucional y democrático del derecho. En nuestra república existe en materia del orden público un estado de cosas inconstitucionales y la existencia de un conflicto armado lo prueba. Esto debe cambiar.
Pero el cambio tiene retos, en especial, cuando el reto es construir la paz con democracia y equidad. El cambio que es necesario en nuestra república es el de construir un modelo de democracia con justicia social y crecimiento económico. Una sociedad democrática que tenga instituciones que permitan el crecimiento económico, social y ecológico se requiere con urgencia. Los conflictos armados internos indican que las cosas no están bien en la sociedad y deben cambiar.




