He dedicado mi vida a combatir a la izquierda y a los defensores de esa ideología, de ese modelo. Cada día me he levantado de la cama, lleno de energía, para llamar las cosas por su nombre, para decirle la verdad a la gente. En las épocas del mal llamado proceso de paz, fui invitado a varias reuniones de amigos y conocidos que, enhorabuena, se apoyaban en personas como yo para escuchar de viva voz posiciones antagónicas acerca de esa elección -que, dicho sea de paso, ganamos-.
En esas conversaciones le explicaba a la gente que ese proceso no arrojaría los resultados que el gobierno canalla de entonces nos prometía: la paz; explicaba por qué sería un proceso fallido, contaba por qué era ilegal e inconstitucional, le daba a la gente las razones por las que varias personalidades apoyaban el proceso, unas a la brava y otras no, analizaba a profundidad fenómenos absurdos como la Justicia Especial para la Paz -JEP-, el fast track, las consecuencias de incluir en el bloque de constitucionalidad esa aberración, etc. Años después estamos aquí, con la patria herida e incendiada, con un guerrillero en el gobierno y de vuelta a las épocas lopistas y samperistas de la Colombia convertida en narcoestado.
En el último tiempo, con el bienaventurado regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, expresé sistemáticamente que Nicolás Maduro caería, que el gobierno americano no estaba jugando ni amenazando sino cumpliendo compromisos de campaña: persecución a los carteles de la droga y protección de la seguridad de los Estados Unidos. Sencillo. Trump está cumpliendo cada palabra, cada promesa que le hizo a su pueblo, el mismo que lo reeligió.
Lo de Maduro era cuestión de tiempo, varias veces lo anticipé. Lo que no sabía, de lo que no podía estar seguro, era que lo atraparan, que quedara vivo. No entiende uno cómo el gobierno venezolano fue tan ingenuo y pensó que Trump estaba jugando “a la lleva”, que no habría traiciones al interior del gobierno venezolano, que el círculo de cubanos que protegía a Maduro sería inexpugnable; aún no entiendo cómo Maduro y “la primera combatiente” -qué ridiculez de apodo-, no dormían con una cápsula de cianuro debajo de la almohada. Es inverosímil, es que no se puede creer.
Estos señores pensaron que las décadas pasarían y que ellos estarían ahí siempre, impávidos, robándose la plata del petróleo todos los días, comprando apoyos y sosteniendo acuerdos derivados del Foro de Sao Paulo. Que petróleo para Cuba, que Cuba nos ofrece protección, que le vendo petróleo a China, Irán y Rusia, que le mando petróleo a Ortega en Nicaragua, que esto, que lo otro. Pues bien, ya cayó el primero, cayó la segunda y ahora, estamos todos a la expectativa de qué se viene, de qué va a pasar. Me quedó un sinsabor: que mientras Maduro y su esposa eran detenidos, lo mismo hubiera estado sucediendo, en simultánea, con los hermanos Rodríguez -Jorge y Delcy-, Padrino López, Cabello y el desagradable Tarek William Saab. Eso hubiera sido perfecto, excepcional. Pero se empieza por algo, algo muy bueno, nadie debe si quiera dudar que hoy el mundo es un mejor lugar gracias a lo sucedido en la madrugada del sábado anterior.
Los venezolanos exiliados, esos millones que han tenido que salir corriendo de Venezuela -conozco a varios, los aprecio y admiro-, gozan y celebran por estos días; aquellos que en diferentes lugares del mundo salen a protestar por “la ilegal captura” del tirano, no saben lo que hacen, les sobra mucho tiempo o sencillamente se “la fumaron verde”. Sigan en las calles aguantando frío y diciendo sandeces, mientras el resto del mundo los mira con pesar e incredulidad.
Esto ya empezó y en Colombia, Nicaragua, Cuba, México, Chile -por ahora- y Brasil, hay gente muy preocupada por lo que Maduro vaya a contar en Nueva York. La Latinoamérica zurda tiembla y suda por estos días, empieza a caerse como un castillo de naipes y salen a la luz su podredumbre, su corrupción, sus mentiras, la falsedad de su maldita narrativa, todo aquello que hemos denunciado por años. Sufran mamertos y sólo nos resta decir: ¡thank you Mr. Trump!
Por Jorge Eduardo Ávila





