Por Jarol Ferreira Acosta
Últimamente me he sentido como una cucaracha de alcantarilla, a pesar de tener estertores interiores que me impulsan a seguir sin detenerme en detalles desesperanzados me gana la tristeza, el cansancio de la espera, la desazón de lo cotidiano que no logro cabalgar sino que me atropella, y por supuesto la frustración por todo lo que siento debo hacer y no puedo. Sé que posiblemente tambien tú pasas por momentos no muy gratos y no es mi intención mal influenciarte con estas palabras desesperadas, pero en este momento no tengo otras así que espero por lo pronto te conformes.
Quiero suponer, como dicen cuando me intentan dar ánimo, que luego de la oscuridad viene la luz, que tiempos mejores se avecinan, pero definitivamente por ahora no está a mí alcance la felicidad ¿quién se habrá inventado eso de la felicidad, para qué entusiasmarlo a uno? ¿Cuánta tristeza, cuánta angustia podrá soportar un alma antes de explotar, hasta cuándo esta sensación de asfixia que en lugar de cesar gradualmente aumenta a medida que pasan los días, infiltrando y estropeando incluso los espacios que consideraba vulnerables a su influjo maligno? Que horrible no poder levantarse siempre con el pie derecho, no tener la esperanza puesta en un lugar seguro, tener que vivir el instante bajo la presión de un porvenir perdido.




