Por: Jarol Ferreira Acosta
Nuevamente en la sala de urgencias de la clínica, somatizas todo el sufrimiento de tu papá. Con una mano escribes, con la otra lo sostienes. Un internista ve su estado, lo acomoda en el pabellón de observación y lo remite a siquiatría. Gracias a sus divisiones de cortinas altas y hasta el piso, el espacio ofrece alguito de privacidad para la excitación sicomotora que posee a tu papá y poco o nada cede al midazolán.
A través de las cortinas del pabellón, como en un teatro de sombras, voces y siluetasnarran distintos dramas: como el deun niño riohachero al que la abuela trajo por fiebre y resultó anémico (la mamá salía a trabajar y se lo dejaba a una vecina). También está la historia de un señor de Ocaña, que vino a una cita urológica y al sentarse en una silla de la sala de espera se fue de espalda; cuando despertó estaba en la sala de reanimación y de ahí lo pasaron alpabellón de observación.




