Hace pocos años escribí dos columnas en este diario relativas a esta misma persona (Carlos Mattos Barrero), oriunda del departamento del Cesar; por entonces Mattos estaba para ser investigado, se decía, por presuntos hechos punibles; y no fue sino que ello saltara a la palestra cuando dos periodistas reconocidas se dieron a la tarea de escarnecerlo, desconociendo su presunción de inocencia mientras no se demuestre su responsabilidad.
Recuerdo que por la agresividad de ellas salió a relucir en la prensa de Barranquilla la larvada inquina entre los habitantes del altiplano y los de la costa Atlántica, pues parecía que se asomaba por parte de uno que otro empresario del interior del país alguna envidia contra el empresario Mattos; fuera esto cierto o no, aquello dio lugar a que la prensa Caribe se resintiera del tratamiento malsano que estaba recibiendo este de parte de sus colegas bogotanas.
¿Es que queda aún algún rescoldo de esas malquerencias rebrotadas en la indebida conducta de las periodistas? Con todo, aquellas personas suelen quedar agradecidas de nuestra hospitalidad cuando las atendemos en festivales y parrandas.




