Muy preocupante el estado de salud de la economía colombiana. En dos meses entró a sala de urgencias y con la trepada del dólar, las altas tasas de interés y el costo de vida, puede pasar la navidad y el año nuevo en cuidados intensivos.
En esta difícil coyuntura económica mundial, es cuando más se requiere que el gobierno trabaje de la mano del sector empresarial y productivo. Colombia, necesita crecer y tener más gente trabajando en compañías que no sientan que el gobierno les está confiscando gran parte de sus ingresos con subidas fiscales para derrocharlo en burocracia e inversiones que no reducen el costo país. El gobierno no debe maltratar ni odiar a quienes le dan dinero. Por eso, la gente se está yendo a invertir a países de la región donde existan mejores condiciones fiscales, laborales y de estabilidad jurídica.
Tampoco, es sano, quitarle dinero al que trabaja para dárselo al que no trabaja, porque terminamos generando más pobres y destruyendo el sector productivo. El ejemplo más claro está en el campo. Los agricultores y ganaderos se han visto obligados a realizar grandes inversiones en mecanización de sus explotaciones agrarias, porque los trabajadores que tenían antes ahora prefieren vivir de un subsidio mensual que le otorga el gobierno y completar el diario con el mototaxismo. Ya no hay quien quiera recolectar café, ordeñar vacas o ejecutar labores de mantenimiento en las fincas. El gobierno y los congresistas no saben el enorme daño que le están causando al país con estas políticas públicas del “Bienestar Social”.




