En elecciones políticas, en el último tramo de la carrera, los electores se deciden entre dos candidatos y no más de dos. Ello pasa a nivel nacional y también local. Ocurrió con Petro y Rodolfo Hernández en donde la diferencia fue pequeña, 3.1% a favor de Petro; o en Valledupar con el Mello Castro contra Ernesto Orozco con una diferencia tan solo de 1.3%. a favor del alcalde. El resto de los candidatos termina desinflándose o no despegan.
El elector vota por emociones, muchas veces vota no a favor de alguien sino en contra de. Es decir, el voto lo define el sentimiento negativo contra el otro candidato o partido. Un ejemplo de ello fueron los muchos votos de este tipo que obtuvieron Petro y Hernández. También un segmento, hay que decirlo, votan por la narrativa y los mensajes pero otra gran mayoría lo hace en contra de lo que les indigna.
Con ello quiero decir que, las más de veintena de candidatos que han asomado su intención de ser alcaldes de Valledupar, hay muchos que representan frescor y que no son agentes de clanes ni de la corrupción ni del clientelismo ni de las formas viejas y mecánicas de hacer política. Pero si quieren competirle al candidato del otro lado, no tienen otra salida que unirse y escribir una narrativa en ese sentido.




