COLUMNA

Dejen de hablar mal del sistema electoral

Estoy indignado con un sector de la ciudadanía que ha puesto en tela de juicio nuestro sistema electoral, se han atrevido hasta a insinuar que el software de la Registraduría es susceptible de manipulación

canal de WhatsApp

Estoy indignado con un sector de la ciudadanía que ha puesto en tela de juicio nuestro sistema electoral, se han atrevido hasta a insinuar que el software de la Registraduría es susceptible de manipulación y que el CNE (Consejo Nacional Electoral) es un ente controlado por los partidos políticos, y que sus decisiones son meramente políticas y no jurídicas, y que lo usan para sacar del camino a sus competidores. ¡Habrase visto!

Créanme, no sé de dónde saqué fuerzas para poder escribir esta columna porque estoy lleno de rabia y me tiemblan las manos de ver tanta injusticia y tantas calumnias a nuestro sistema electoral que saca pecho en toda América Latina, porque sustenta la democracia más antigua del continente, y no olviden que junto con este honroso puesto también tenemos el segundo himno más hermoso del mundo, solo superado por La Marsellesa, y de paso desde hace unas décadas, el país más feliz del mundo, y nadie, repito, nadie nos puede quitar ese honor. Ahora bien, a lo que vinimos.

En primer lugar, no hay “un software” para el conteo de los votos, los escrutinios y todo lo que implica el proceso hasta la entrega de las credenciales, sino que hay cuatro, leyó bien, cuatro softwares; y dentro de los cuales hay uno que es propiedad del CNE, tal cual.

El mismo organismo político a cargo de reglar y garantizar la transparencia del proceso de elecciones (controla uno de los sistemas con los que se procesa la información) que, dicho sea de paso, ni el que tiene el CNE ni los que son propiedad privada como el caso de Indra, son susceptibles de auditorías independientes, especialmente en el código fuente, ni a una trazabilidad total de todo el proceso, desde el preconteo (que lo hace un software), los escrutinios (que lo hace otro) hasta el resultado final de las elecciones.

¿Por qué no dejan que se haga una auditoría independiente al código fuente de estos softwares? Ah, pues porque son contratos que están protegidos por cláusulas de confidencialidad y eso es suficiente argumento para no desconfiar de ellos. Lo máximo que se permite es que observadores, incluidos delegados de los mismos partidos y otras organizaciones internacionales, asistan a “auditorías” de los contratos y pruebas de simulación, pero nunca al código fuente, es decir, yo con yo y los ratones cuidando el queso.

El segundo argumento que tengo para desmentir a todos esos comunistas sobre lo bueno e infalible de nuestro sistema electoral es la mecánica de las elecciones, en pleno siglo XXI de la era de la información, la tecnología con sistemas avanzados, vehículos no tripulados, aviones de quinta generación, robótica avanzada, amén de la inteligencia artificial megadesarrollada, seguimos haciendo las elecciones de forma manual. Sí, señores: millones de papeles regados por todo el país, cajas de cartón, lapiceros, miles de personas haciendo procesos manuales, escribiendo en formularios, contando uno a uno esos millones de papelitos en algunas regiones a veces con poca visibilidad. ¿Qué puede salir mal? Hace unos años escribí una columna donde explicaba las razones por las que las elecciones se cierran a las cuatro en punto de la tarde, y era porque en medio país no había energía eléctrica, imagínense el nivel de adelanto que hemos tenido en este proceso en cinco o seis décadas, pequeños cambios de forma y accesorios, pero el mismo sistema arcaico, marcar tarjetones de papel, contarlos a mano, llenar unas planillas y meterlas en unas bolsas para guardarlas en unas urnas con candado, pero todo esto no sirve porque la verdadera elección ocurre en un proceso siguiente que se llama escrutinio, en otras palabras, es volver a revisar que todo lo anterior se haya “hecho bien”, ah, pero de forma manual también.

A todo esto, llamo a esos irresponsables ‘incendiapaís’ a recoger sus palabras y respetar el infalible sistema electoral que cada cuatro años nos deja a todos felices, conformes y sin dudas, y jamás se le ha perdido un voto a un candidato ni se ha elegido, después de que cierran las urnas, ni a nadie que se acuesta perdiendo y se levanta ganador o viceversa.

Por Eloy Gutiérrez Anaya

TE PUEDE INTERESAR