Por Jarol Ferreira Acosta
1. Amanecí más ansioso de lo normal, a las cinco de la tarde era la misa y seguramente luego vendrían a visitarnos las de la congregación a la que perteneció, un puñado de vecinos y gente de fuera.
Trataba de estar bien, de no dejarme arrastrar por la tristeza de los recuerdos pero al menos a primera hora del día eso me resulto imposible.




