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No sea tan cujííí

Muerto mi gran compadre Cuco Medina, casa donde vivió como le dio la gana el maestro Escalona, se presentó a mí apartamento y me hizo tres o cuatro visitas, lo que me tenía cabriao y a Mercy sorprendida.

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Por José M. Aponte Martínez

Muerto mi gran compadre Cuco Medina, casa donde vivió como le dio la gana el maestro Escalona, se presentó a mí apartamento y me hizo tres o cuatro visitas, lo que me tenía cabriao y a Mercy sorprendida, ya que sabíamos que algo traía entre manos mi primo; en la cuarta o quinta visita se destapó y me dijo: sorpréndase con lo que le voy a decir, pero yo he analizado uno por uno a esos pendejos jugadores de dominó que no le paran bola a nadie ni a nada cuando están sentados tirando fichas y bebiendo tinto y he concluido que solamente usted me puede atender como lo hacia el Cuco, porque usted siquiera escribe algo y opina, aunque a veces sin querer decir nada, dice mucho pero superficialmente y he resuelto que de hoy en adelante me prepare y me tenga reservada una habitación con aire acondicionado, cama doble y si es posible en el futuro instale un ascensor, porque tanto usted como yo no estamos para subir escaleras.

Eso es todo, pero agregó, mientras yo venga la primera vez solo o acompañado me manda unos conejos guisados, 3 ó 4, y unos jamanares tal como lo hacia el Cuco con bastante frecuencia y mañana vengo para que me dé una llave o la respuesta.

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