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“No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”

Eran momentos difíciles. Es verdad que Jesús había resucitado, pero también que las tropas romanas y los guardias de los sumos sacerdotes judíos seguían patrullando la ciudad, con ánimos de detener a los seguidores del crucificado.

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Marlon Javier Domínguez

Eran momentos difíciles. Es verdad que Jesús había resucitado, pero también que las tropas romanas y los guardias de los sumos sacerdotes judíos seguían patrullando la ciudad, con ánimos de detener a los seguidores del crucificado.

En una casa, con las puertas cerradas y con el miedo en los ojos se encontraban los discípulos; habían sido testigos de un acontecimiento sin precedentes: Jesús estaba vivo y se les había aparecido en múltiples ocasiones, pero sus corazones permanecían aún en vilo y cada pequeño ruido parecía ser el de una puerta que se abría y por la que habría de entrar una cuadrilla de soldados para llevarlos a prisión. Jesús se aparece nuevamente en medio de ellos y les dice: “no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”, pero ¡cómo no acobardarse en tales circunstancias!

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