COLUMNA

No hay claroscuros en los resultados de las consultas electorales

Los resultados de las consultas presidenciales adelantaron el escenario de polarización de 2018 y en esta  estrategia, tal y como lo anoté en una columna del año pasado, el objetivo era visibilizar los extremos e invisibilizar al centro para luego, con un centro diezmado, ir por sus votos. Así pasó recientemente en Chile y en Ecuador. 

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Blanco o negro, bueno o malo, izquierda o derecha son tensiones excluyentes y dicotómicas o, en otras palabras, un tipo de distorsión cognitiva  que hace referencia a la tendencia a verlo todo exclusivamente en los extremos o polos como dos absolutos, sin escala de grises ni puntos intermedios. Eso pasa mucho en la política electoral.

Y los resultados de las consultas presidenciales adelantaron el escenario de polarización de 2018 y en esta  estrategia, tal y como lo anoté en una columna del año pasado, el objetivo era visibilizar los extremos e invisibilizar al centro para luego, con un centro diezmado, ir por sus votos. Así pasó recientemente en Chile y en Ecuador. 

Pero también hay otra tensión, entre la angustia -ya no tanto el miedo- que genera un candidato  con sus propuestas que inundan de incertidumbre e inestabilidad el futuro, y la necesidad de cambio. Los electores están pidiendo cambio a gritos pero hay cambios que generan angustia, perturbación, que asustan. En todo caso, entre esas dos emociones definirá su voto. En algún punto extremo o intermedio, entre la angustia y el cambio se situará y votará, porque el voto electoral es un voto emocional.   

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