COLUMNA

No generar empleo: ¿una deuda moral con la sociedad o un delito de lesa humanidad?

Detrás de cada empleo hay mucho más que un salario: hay una familia que come, hijos que estudian, un hogar que encuentra estabilidad y un ciudadano que siente que tiene un lugar digno en la sociedad. El trabajo produce riqueza, pero también debe producir esperanza.

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Hay formas de violencia que no dejan sangre en las calles, pero que pueden ser igualmente devastadoras. Una de ellas es condenar a una persona a la imposibilidad de ganarse dignamente el pan de cada día cuando existen medios y oportunidades razonables para evitarlo. El desempleo no siempre es consecuencia de una decisión individual ni puede atribuirse automáticamente a la voluntad de quienes poseen capital. Hay múltiples factores que ningún actor controla por completo.

Lo cierto es que no pueden ni deben regalarse los recursos de un estado a la pobreza porque se acostumbra a no producir, pero si le entregamos trabajo digno estamos ayudando a su derrota.

La tesis central de esta columna es clara, aunque debe formularse con matices: quienes poseen capital, conocimientos o capacidad empresarial tienen una responsabilidad moral de contribuir, cuando las condiciones lo permiten a la creación de empleo digno y productivo.

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