Se dice en la jerga esotérica que los caminos al cielo están llenos de abrojos y de espinas; así es en la tierra, nada bueno es fácil; este es el camino que el gobierno del cambio debe recorrer, nadie dijo que se haría en limusina; muchos serán los reveses y muchas las retiradas para luego golpear, así se hace en la guerra y esto es lo que vive Colombia, una confrontación ideológica en la cual el adversario está utilizando todas las formas de lucha que siempre ha condenado y para llegar al final hay que probar varias estrategias.
Este es un proceso dialéctico que hasta la naturaleza ha ensayado; el planeta que hoy tenemos ha sufrido eras de heladas y eras de calor; se ha determinado que, en el último millón de años de vida del planeta, cada cien mil años se produce una helada durante la cual muchas especies han desaparecido y otras han aparecido; los movimientos telúricos y los volcanes son prueba de que la evolución no ha terminado; también los ríos han ensayado sus cauces que los conducen a su destino; así es la vida.
El mundo vive una entropía permanente, el desorden no es ajeno a los procesos naturales y esta es una de las leyes de la termodinámica. Así son los procesos humanos, ni las sociedades ni los gobiernos son estáticos, el movimiento es lo que da vida a todos los procesos. En Colombia hemos vivido durante 214 años una inercia total difícil de romper y hoy que se inicia un proceso profundo de cambio al romperse las esclusas, su fuerza se siente con ímpetu.




