COLUMNA

Ni fuimos guerrillos, ni fuimos paracos

Si en algo somos como sociedad livianos, es en el hecho de querer descalificar al contradictor en materia política, con el argumento de guerrillero o de paramilitar. Se ha vuelto una constante, en una sociedad polarizada y de extremos, el descalificarnos unos a otros, señalándonos, de: “ese es, un guerrillero”, “ese es, un paramilitar”.

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Si en algo somos como sociedad livianos, es en el hecho de querer descalificar al contradictor en materia política, con el argumento de guerrillero o de paramilitar. Se ha vuelto una constante, en una sociedad polarizada y de extremos, el descalificarnos unos a otros, señalándonos, de: “ese es, un guerrillero”, “ese es, un paramilitar”.

En el país hubo muchos guerrilleros y también hubo muchos paramilitares, pero también hubo mucha sociedad civil que terminó siendo víctima de la guerrilla y del paramilitarismo; sociedad que hoy tiene derecho a participar y a opinar de política a partir de su derecho a elegir. Uno no tiene que volverse sospechoso, por el hecho de asumir posturas políticas o por el hecho de expresar por quien va a votar.

Uno vota por convencimiento, o simplemente por quien a uno le dé la gana, pero ni más faltaba que en un ejercicio propio de la democracia, uno deba estar dando explicaciones, sobre un acto personal. Aún menos entendible, es que quien opina distinto a uno, lo descalifique a uno, a partir de una insurgencia en la que uno ni participó, ni militó. 

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