Pablo Beltrán, segundo jefe del ELN, volvió a ratificarlo esta semana: ese grupo violento no va a dejar de secuestrar. Dijo que cuando firmaron “los protocolos de cese [del fuego] en La Habana quedó claro que las actividades de finanzas no quedaban incluidas en el cese [del fuego]”.
Unas semanas antes lo había dicho Antonio García: “el Eln no hace secuestros […] El Eln solo hace prisioneros y retenidos”. Y reiteró que los elenos no se han comprometido a “no realizar operaciones de finanzas, entre ellas privaciones de libertad con carácter económico”.
Más allá de los eufemismos y el cinismo, el mensaje es claro: el Eln sostiene que no se comprometió a dejar de secuestrar cuando firmó el cese del fuego y afirma que seguirá secuestrando mientras que negocia con Petro.
Alguien, con razón, podría sostener que el Eln sí se comprometió a respetar el Protocolo II adicional a los cuatro Convenios de Ginebra, que establece que “están y quedarán prohibidos en todo tiempo y lugar […] d) la toma de rehenes”, una de cuyas modalidades es el secuestro.




