La Navidad es para muchos, entre los que me encuentro, la mejor época del año. Es la temporada perfecta para compartir en familia, para reencontrase con amigos y personas queridas, es un tiempo perfecto para agradecer y pedir bendiciones adicionales.
Cuando se es niño esperamos ansiosamente la Navidad para disfrutar de las vacaciones de colegio, rezar la Novena de Aguinaldos – ojalá de la Madre María Ignacia, tradición que no podemos dejar perder-, recibir los regalos, comer las delicias típicas de esta época, viajar en caso de poderlo hacer.
En fin, la Navidad emociona, nutre el alma, permite recargar baterías y descansar del ajetreo del día a día que nos consume sin darnos cuenta.




