Se acercan la Navidad y el 2023 y afloran sentimientos de alegría, satisfacción, agradecimiento, nostalgia, algo de tristeza y por estos tiempos en Colombia, incertidumbre.
De todas maneras la invitación de esta columna es a quedarnos con lo bueno, la invitación incluye hacer balances para identificar en ellos lo positivo, lo que puede mejorarse y lo que quedó pendiente.
Agradecer siempre será un ritual de vida, más cuando se cierran etapas como este aciago segundo semestre de 2022 que nos dejó a la izquierda en el poder. Estamos vivos, somos sobrevivientes a la pandemia, tenemos salud, trabajo, estamos en plena etapa productiva y Dios, como siempre, estuvo a nuestro lado cuidándonos y animándonos a enfrentar las adversidades típicas de la vida.




