Por Marlon Javier Domínguez
Ningún ser humano puede evitar totalmente cometer el mal, de tal manera que sea capaz de levantar sus manos limpias y decir: “soy plenamente inocente”.
Es más, cada uno experimenta en su cotidiano vivir que, “aún queriendo hacer el bien, es el mal el que se le presenta”, y que muchas buenas intenciones jamás logran materializarse en los actos. Los religiosos afirman: “somos pecadores”, los no creyentes admiten: “somos imperfectos”.




