Sin educación de buena calidad, ninguna sociedad logra escalar su economía a un nivel superior sostenible, ni alcanza alto progreso tecnológico, tampoco obtener cultura sobresaliente, ni mentalidad colectiva estable.
Aunque lo antedicho se puede considerar irrebatible, no se debe ignorar que se requiere de múltiples factores simultáneos para que la educación de buena calidad sea totalmente beneficiosa.
Para mí, los factores más importantes son la enseñanza y los paradigmas adquiridos adentro de las entrañas familiares, porque habitualmente, desde la niñez se aprenden los principios éticos y valores morales, cuando las familias son funcionales; es decir, que conviven en real armonía, con amor, solidaridad, franca tolerancia, sentido de pertenencia y confianza recíproca, prevaleciendo la comunicación amable, amplia y sincera, lo que conlleva a que cada persona del núcleo familiar se sienta valiosa, respetada y con alta autoestima, además de otros sentimientos honrosos, siempre brindados y compartidos con inmensa satisfacción.




