COLUMNA

Mi violento es mejor que el tuyo

Los problemas del país siguen intactos, los mismos de hace 60 años, la corrupción cambia de color cada cuatro años

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Para los que no conocen la historia, hablar de “Chulavitas” y “pájaros” es una completa fábula que da la impresión que corresponde a una época de la historia sucedida en otra parte del mundo y no en nuestro país, y aunque “Paras” y “Guerrillos” es de hace dos décadas, algunos prefieren no hablar del tema, a los jóvenes no les interesa y a los viejos les cuesta hacerlo ¿O por qué creen que seguimos matándonos?

En los últimos 20 años las campañas políticas se montaron sobre la base de lograr enrostrarle al otro el bando al que supuestamente representaba, si apoyabas al uribismo o a sus partidos aliados, se te consideraba un ultraderechista financiador de grupos armados, y si no estabas con ellos, te tildaban de aliado del terrorismo pero con un ingrediente perverso y es que el siguiente nivel era demostrar que los primeros eran menos malos que los segundos o que lo uno era consecuencia de lo otro, terminando  en un terrible círculo vicioso.

Las historias de sangre, horror, muerte, exilios, toda la ruptura y degradación social y humana que la época de la nueva violencia le causó a este país, ha dejado heridas y huellas que aún no han sido superadas, todavía se respira en el ambiente las consecuencias de una era violenta que como en los 50s o en los 90s se pudo haber evitado, pero ese es un tema que aún levanta ampollas porque los que optaron por uno u otro bando morirán con la convicción que hicieron lo correcto sin el más mínimo ánimo de arrepentimiento.

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