COLUMNA

Mi regreso al Valle

Anoche regresé a Valledupar y en la mañana, cuando salía de mi casa, contento de volver a mi tierra, iba pasando por el parque Novalito Pachín Escalona…

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Anoche regresé a Valledupar y en la mañana, cuando salía de mi casa, contento de volver a mi tierra, iba pasando por el parque Novalito Pachín Escalona, en María la Bandida, su camioneta Ford, azul y blanca; me vio y se acercó, —Hey Chula ¿para dónde vas? Yo le respondí que iba a dar una vuelta por el Valle porque estaba recién llegado de Italia. —Vamo pue, móntate. Acepté encantado, no sin antes hacerle una aclaración: —Pero no me vayas a cobrar, porque  me dijeron que la vuelta, después de los videos con Carlos Vives, cuesta 100.000 barras. Riéndose me replicó: —Móntate y deja de molestar, que van cree que es verdad. 

Entonces, comenzó un viaje maravilloso que me devolvió a lo mío, a mi terruño, a recorrer los pasos que me formaron. —¿Ya desayunaste? —le pregunté a Pachín y como me dijo que no, nos fuimos para donde la Mona del Patacón Pisao, en la Calle del Cesar, quien prepara el mejor hígado guisao del mundo, ahí me di un abrazo con el Culi Daza y el Papi Socarrás, amigos de infancia y echamos lengua un rato. También llegó Álvaro Castro, con las boletas para la Noche de Compositores en Río Luna, y mientras me ponía al día, me tiró un dato: —Ve Jacobo el Valle está tan grave que Chichí es candidato a la alcaldía, figúrate. A lo que contesté: —Entonces no está grave, está es peor— los dos soltamos al tiempo una carcajada. 

Seguimos marcha y al tomar la novena en el parque de Las Madres, nos encontramos al famoso Chueco Daza, nos pidió un chance y mientras lo llevábamos a su casa aproveché para pedirle disculpas por la chanza del Baloto; en el trayecto nos echó el mismo chiste que repite en todas las parrandas, aquella vez que el “Mono” Gil se comió una asadura amanecía de 3 días en la casa del Papi Zuleta y se cagó en la sala. Después, pasamos por la Plaza Alfonso López, donde ya estaban montando todo para los concursos. Hablando de todo un poco, Pachín me preguntó: —¿Supite que murió Romoca? —Si ombe, que pesar— le contesté. Luego subimos hasta el Novalito a visitar a Darío Pavajeau, por casualidad estaban Hugo Carlos Granados y Gustavo Gutiérrez dándole una serenata a ese gran patriarca del vallenato, nos dimos el lujo de escuchar temas como ‘Parrandas inolvidables’, ‘La espina’ y ‘Rumores de viejas voces’. De ahí, salimos a recoger  al Cocha, a Lucy Vidal y a Frank, el de Pancha; nos fuimos a visitar la tumba de Nenón en Jardines del Eccehomo y a cantarle ‘Los tiempos de la cometa’ y ‘Los sabanales’, sus dos canciones preferidas. También pasamos por la tumba de Diomedes, y Cocha se enterneció mucho recordando aquel disco que le compuso, ‘El gallo y el pollo’, fue un momento de nostalgia y dolor por dos ausencias que todavía nos hacen doler el corazón. 

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