Por: Julio Mario Celedon
Hace unos cuantos días hice una nueva amistad y según dicen; quien encuentra un amigo encuentra un tesoro. Hasta aquí todo parecería algo común y corriente, algo cotidiano y normal, solo si no se tratase de que mi camarada cuenta con 8 años de edad solamente, su nombre es Pablo y es un niño lindo y tan inteligente que uno puede durar charlando con él horas y horas como si tratase de un adulto. Es hijo de una gran amiga mía, María Isabel Campo, una mujer bella, inteligente y de buen corazón, a quien conozco de toda la vida y a quien por cosas del destino hace rato no veía, pues ella estaba laborando hace varios años en la lejana Australia, como Cónsul de Colombia en Sídney, la capital de la tierra de los canguros y de la gran barrera de coral.
Maicha como cariñosamente la llama su familia y todas sus amistades, está como quien dice recién llegada a Valledupar, reencontrándose con los suyos y con la tierra que la vio nacer, se siente dichosa de estar aquí y contenta con que Pablo quien viene de una metrópoli como lo es Sídney se esté adaptando fácilmente a todo este cambio, gracias a Dios él es un niño precoz, y además genéticamente trae el legado de la inteligencia, no en vano es bisnieto del Patriarca Manuel Germán Cuello Q.E.P.D, nieto de uno de los vástagos más grandes que ha dado esta ciudad, como lo es Rodolfo Campo Soto e hijo de su mamá, una brillante mujer digna representante de su género.




