Por Rosendo Romero Ospino
Hoy me siento feliz de haber servido de instrumento a Dios para componerle una canción al hombre más grande y sagrado que ha pisado la tierra, desde muy chico recibía mensajes en los sueños, el cuadro de San Martín de porras y la mano de Dios me eran familiares.
Era la época en que no me gustaba limpiarme los mocos y andaba pies descalzo sin camisa y el pantalón corto agarrado de una mano, a veces una espina me hacía caminar con el taloncito alzado, hoy la entiendo mejor la espiritualidad.




