El que más publicidad tenga, el que más suene el jingle y el que más llene patios y salones en reuniones políticas pareciera ser quien pone la agenda y quien más opción tiene de llegar al Congreso.
Así se nos va la temporada electoral en el Cesar en una especie de carnaval de gorras y camisetas de colores y con avanzadas bien nutridas. Pero de propuestas para ayudar a solucionar problemas de la gente en la calle, más bien poco.
Sin duda el arte de la política tiene una parte de encanto y movilización de emociones y otra racional. Algunos dicen que la primera termina imponiéndose sobre la segunda con el llamado voto emocional que define elecciones. Pues en el Cesar pasa algo muy curioso, ese encanto de emociones no suele darse por discursos o ideas sino por la música, el fundingue con papayeras y grupos musicales, las nutridas avanzadas de campaña y la abundante publicidad que muestra poder.




