Por Mary Daza Orozco
Tengo amigos médicos, del alma, admirados y entrañables, esos que hacen que su profesión sea noble, la gran esperanza de vida y de que el dolor se calmará.
En Memorias de Adriano, de Margarite Yourcenar, se leen las palabras del monarca vencido “Es difícil seguir siendo emperador y tener calidad de hombre, ante un médico…”, sintió que su endeble y corta vida estaba en manos de la majestad del doctor. En la actualidad a los que se les ha olvidado guardar la calidad de hombres es a algunos médicos que si estudiaron para restañar heridas más bien las causan.




