Hasta para marchar hay que ser decente. El pasado lunes 26 de septiembre se llevó a cabo la marcha contra el gobierno Petro, contra las medidas que en 2 meses caóticos ha tomado y las que sabemos que pronto se tomarán. Hubo reuniones masivas en varias ciudades y municipios de Colombia y en el exterior. La jornada transcurrió en calma, la gente marchó en paz.
Curioso que quienes hemos sido tachados de guerreristas y paramilitares pudimos ser ejemplo de comportamiento en una protesta absolutamente pacífica, que solo fue puesta a prueba por desadaptados que en Bogotá y Cúcuta intentaron agredir a los marchantes; los supuestos amigos de la paz, agrediendo a quienes marcharon y los marchantes, asociados con un deseo bélico desenfrenado, no rompieron un vidrio.
Esto es precisamente lo que estamos viendo en Colombia desde hace meses. Desorden, la fuerza pública sin poder de acción, unos avispados invadiendo tierras sin control alguno y con la ventaja de solo poder ser desalojados dentro de las primeras 48 horas, para luego tener que acudir a los tribunales en procesos larguísimos que seguro legitimarán sus acciones de hecho. Es triste pero debemos reconocer que en nuestros días la Justicia es la más injusta expresión del estado. El mundo al revés.




