¿Y si sabe tanto, por qué no tiene plata? ¿Y si tiene tanto talento, por qué es un fracasado? ¿Y si es tan bueno, por qué no tiene amigos? Suele ser fácil juzgar la vida de las personas gracias a lo que vemos a través de los hechos, los resultados alcanzados y la vida que se desarrolla en el día a día; desconociendo que, más allá de lo que nuestros ojos logran ver, existe un mundo de verdades que debemos empezar a comprender.
Estas verdades están actualmente en la mira de colegios, empresas, universidades, familias y cualquier otro tipo de sistema que desee alcanzar el éxito o la productividad, gracias a que han logrado comprender que la experiencia se adquiere, el conocimiento se aprende y la destreza se desarrolla; pero el miedo bloquea la capacidad para experimentar, sin paciencia el aprendizaje no se comparte y sin iniciativa no se logra desarrollar una destreza.
Todo lo anterior indica que, sin habilidades blandas, no se logran visualizar los resultados de las habilidades duras. Un ingeniero puede ser muy bueno diseñando un proyecto, pero si no logra comunicarse de manera efectiva con su equipo de trabajo, el resultado puede ser un verdadero desastre. El líder puede tener muy buenos conocimientos y contar con una estupenda experiencia, pero si no tiene la capacidad para delegar funciones, trabajar en equipo, adaptarse a los cambios o manejar sus emociones, su equipo de trabajo no cumplirá ninguna meta.
Al final, todos creerán que el líder no sabía nada, que la experiencia era improvisada y el conocimiento pura mentira, cuando en realidad era un maniquí diseñado para encajar con los requisitos impuestos por la sociedad y las empresas para ser aceptado y/o contratado; pero por dentro, con un gran vacío que lo llevó a desplomarse ante el primer contratiempo para el cual nunca recibió capacitación.
Los padres insisten en la importancia de la educación, ignorando el poder del amor propio y el respeto; los colegios proclaman el valor del conocimiento, olvidando en ocasiones que sin iniciativa, liderazgo o inteligencia emocional, el conocimiento nunca será puesto a prueba; las empresas exigen años de experiencia, sin saber que sin tolerancia, adaptabilidad y pensamiento crítico, dicha experiencia será un dolor de cabeza para toda la empresa, ya que en lugar de socializarla, llegará a imponerla.
Un maniquí denota perfección por fuera, siendo hueco por dentro. Los seres humanos podemos ser imperfectos por fuera, pero por dentro está nuestra verdadera humanidad, la que nos hace comprender al otro, aceptar las diferencias, avanzar en medio de los problemas, ser respetuosos, pacientes, prudentes, amables y persistentes en medio de cualquier adversidad.
Que la verdadera perfección no esté en un cuerpo socialmente aceptado, sino en un corazón noble. Que el candidato apto no sea el más experimentado, sino el que más veces se ha levantado. Que una vida perfecta no sea la que más títulos ha acumulado, sino la que más ha disfrutado. No se trata de hacer por cumplir, se trata de ser y sentir. Se trata de vivir respirando, sin miedo a morir; el pensar que importa más tener dinero para comprar un tanque de oxígeno que unos pulmones fuertes para sobrevivir nos aleja de nuestra humanidad y nos convierte en un maniquí.
María Angélica Vega Aroca
Psicóloga




