¿Y si sabe tanto, por qué no tiene plata? ¿Y si tiene tanto talento, por qué es un fracasado? ¿Y si es tan bueno, por qué no tiene amigos? Suele ser fácil juzgar la vida de las personas gracias a lo que vemos a través de los hechos, los resultados alcanzados y la vida que se desarrolla en el día a día; desconociendo que, más allá de lo que nuestros ojos logran ver, existe un mundo de verdades que debemos empezar a comprender.
Estas verdades están actualmente en la mira de colegios, empresas, universidades, familias y cualquier otro tipo de sistema que desee alcanzar el éxito o la productividad, gracias a que han logrado comprender que la experiencia se adquiere, el conocimiento se aprende y la destreza se desarrolla; pero el miedo bloquea la capacidad para experimentar, sin paciencia el aprendizaje no se comparte y sin iniciativa no se logra desarrollar una destreza.
Todo lo anterior indica que, sin habilidades blandas, no se logran visualizar los resultados de las habilidades duras. Un ingeniero puede ser muy bueno diseñando un proyecto, pero si no logra comunicarse de manera efectiva con su equipo de trabajo, el resultado puede ser un verdadero desastre. El líder puede tener muy buenos conocimientos y contar con una estupenda experiencia, pero si no tiene la capacidad para delegar funciones, trabajar en equipo, adaptarse a los cambios o manejar sus emociones, su equipo de trabajo no cumplirá ninguna meta.
